Hola, soy Julio Castro, ingeniero en software y montañista. Empecé en el montañismo hace aproximadamente cuatro años y desde entonces he tenido la oportunidad de realizar varias cumbres dentro de mi país. En todo este proceso he aprendido mucho, principalmente desde la experiencia, la observación y el respeto por quienes ya recorrían este camino antes que yo.
Antes de iniciarme en el montañismo, las montañas ya despertaban algo en mí. Desde niño me llamaban la atención las cimas, las grandes expediciones y las historias de escaladores que lograban llegar a lugares tan impresionantes como el Everest. Escuchaba esas historias con admiración, aunque en ese entonces ese mundo se sentía completamente lejano.
Mientras fui creciendo, nunca tuve cerca a alguien que me involucrara directamente en el montañismo. Hasta mis 23 años, mis salidas estaban más relacionadas con hiking sencillo y rutas turísticas hacia lagunas o refugios. Disfrutaba estar en la montaña, pero todavía no conocía lo que realmente significaba enfrentarse a ella.
Todo cambió a mediados de 2022, cuando mi padre me puso en contacto con un grupo de montaña que había conocido en una de sus rutas en bicicleta. Ese momento fue el inicio de todo. Recuerdo que me uní justo cuando tenían un cronograma que incluía varias cumbres y terminaba con el Cotopaxi. Sin pensarlo mucho, decidí intentarlo.

La primera salida fue por una ruta conocida como los Integrales del Pichincha, donde se realizan cuatro cumbres en un mismo día. Se inicia por el Guagua Pichincha, luego se continúa hacia el Padre Encantado, después se pasa por Los Ladrillos y finalmente se llega al Rucu Pichincha para descender por el Teleférico de Quito.
Fue una ruta muy larga y exigente. Recuerdo que terminé con un dolor de pies tan fuerte que casi no podía caminar. Pero más allá del cansancio, esa experiencia me dejó una sensación clara: había encontrado algo que realmente me retaba y que quería seguir explorando.
Unas semanas después fuimos hacia el Morurco, en la cara sur del Cotopaxi. Fue una ruta con vistas increíbles, pero con un clima bastante variable. Durante esa salida nos llovió y nevó, y no pudimos llegar a la cumbre. Esa fue una de las primeras veces que entendí que en la montaña no siempre se gana, y que saber regresar también es parte del proceso.
Luego llegó mi primera cumbre por encima de los 5000 metros: el Iliniza Norte. Fuimos un grupo pequeño, únicamente tres personas. Había nevado días antes, por lo que todo el entorno desde el refugio Nuevos Horizontes estaba cubierto de nieve. El ascenso fue entre roca y hielo, en un terreno muy bonito y accesible, pero que para mí representaba un gran paso.
Recuerdo llegar a la cumbre y ver las rocas congeladas. Fue una sensación difícil de describir: mezcla de esfuerzo, satisfacción y asombro. En ese momento entendí que esto ya no era solo una actividad ocasional, sino algo que empezaba a formar parte de quién soy.

Después de eso teníamos planificado el Cotopaxi, que representaba uno de los grandes objetivos en ese inicio. Pero justo en ese momento el volcán entró en actividad, y el plan tuvo que detenerse. Fue frustrante, pero también una de las lecciones más importantes: en la montaña, uno propone, pero la naturaleza decide.
Así fue como ingresé al montañismo. Lo que empezó como una curiosidad se convirtió en una pasión real. Con el tiempo entendí que esto no se trata únicamente de alcanzar cumbres, sino de todo lo que ocurre en el proceso: el esfuerzo, los errores, el aprendizaje y las personas con las que compartes el camino.
La montaña me ha enseñado a respetar, a tener paciencia y a entender que el progreso no siempre es lineal. Me ha hecho crecer, no solo físicamente, sino también mentalmente. Me ha mostrado que muchas veces avanzar también significa saber cuándo detenerse, cuándo regresar y cuándo esperar.
Hoy este espacio nace con un propósito claro: compartir lo que he vivido, lo que he aprendido y lo que sigo descubriendo en cada salida. No desde la perfección, sino desde la experiencia real. Mi intención es que más personas puedan animarse a conocer este mundo, pero siempre con preparación, respeto y conciencia.
Si alguna vez has sentido curiosidad por las montañas, por las cumbres o por la sensación de estar allá arriba, este es un buen lugar para empezar.
Bienvenido a este camino.
Porque al final, la montaña no solo te lleva más alto… también te enseña a crecer desde adentro.
